La paz telúrica: Expresión de investigación-otra en ciencias
ambientales desde el abrazo de lo territorial y lo académico
Recibido: 18/08/2025 Aceptado: 01/09/2025 Actualizado: 06/04/2026
DOI: 10.17151/luaz.2025.62.7
Resumen
“…en una cultura construida para engendrar la guerra, la primera víctima es la naturaleza.”. Con esta expresión, el pensador ambiental Augusto Ángel Maya realiza una apertura para la reflexión central del presente articulo: es imprescindible la construcción de una paz telúrica desde la relación cultura – ecosistema. Además, el Pensamiento Abismal permite la inclusión del territorio como expresión de cimentación. Es así como se plantea el objetivo general que guiará la investigación: Develar las construcciones de la Paz Telúrica desde las concepciones académicas y territoriales; tres objetivos específicos: Relatar la expresión académica de la Paz Telúrica desde la historia de vida de Patricia Noguera, exponer la expresión territorial de la Paz Telúrica desde la experiencia de la Juntanza Chinchiná Resiste y contrastar las concepciones de la paz telúrica desde la academia y el territorio. En concordancia con una postura epistémica-ética orientada a la sensibilidad y el habitar, se plantea una metodoestésis como los caminos de lo sensible para el despliegue de los trayectos que permiten las expresiones biográficas, vivenciales y territoriales en constante diálogo e interacción. En cuanto a los resultados esperados, se pretende ocluir en una conceptualización de la paz telúrica que emerja del diálogo entre la académica y el territorio, lo cual aporta directamente a la reconciliación de las culturas con los ecosistemas desde la Naturaleza que Somos, en-desde las Ciencias Ambientales.
Palabras clave: Pensamiento Ambiental Latinoamericano – Pensamiento abismal – Metodoestésis – Chinchiná – Paz.
Telluric Peace: An Expression of “Other-Research” in Environmental
Sciences Through the Convergence of the Territorial and the Academic, Experiences
of Resistance
Abstract
“…in a culture built to engender war, the first victim is nature.” With this statement, environmental thinker Augusto Ángel Maya opens the door to the central reflection of this article: the construction of a telluric peace based on the culture–ecosystem relationship is essential. Furthermore, Abyssal Thought allows for the inclusion of territory as a foundational expression. This is how the general objective that will guide the research is formulated: To unveil the constructions of Telluric Peace from academic and territorial perspectives; three specific objectives: To recount the academic expression of Telluric Peace through the life story of Patricia Noguera; to present the territorial expression of Telluric Peace through the experience of the Juntanza Chinchiná Resiste; and to contrast the conceptions of Telluric Peace from academia and the territory. In accordance with an epistemological-ethical stance oriented toward sensitivity and inhabiting, a methodoesthesia is proposed as the paths of the sensible for the unfolding of trajectories that allow biographical, experiential, and territorial expressions to engage in constant dialogue and interaction. Regarding the expected results, the aim is to arrive at a conceptualization of telluric peace that emerges from the dialogue between academia and the territory, which directly contributes to the reconciliation of cultures with ecosystems from the perspective of the Nature We Are, within the framework of Environmental Sciences.
Keywords: Latin American Environmental Thought – Abyssal Thought – Methodoesthesia – Chinchiná – Peace
Introducción
El presente artículo de reflexión parte de la propuesta de investigación doctoral del autor y emerge con la fuerza para proponer una reconciliación entre la cultura y el ecosistema, ya que “en una cultura construida para engendrar la guerra, la primera víctima es la naturaleza” (Ángel Maya, 1996, p. 66). Asimismo, como lo propone Julio Cortázar (1962) en el cuento “Cronopio y flor”, hay que comprender la naturaleza expresada en una flor para aprender a vivir con ella en una gran paz. En cuanto al planteamiento del problema, transcurre por una ubicación de la discusión en las Ciencias Ambientales como lugar de enunciación del Doctorado, luego aborda el territorio como expresión concreta de las reflexiones a partir de lo que Sousa Santos (2010) nombra como pensamiento abismal. Conjuntamente, se expresa el pensamiento ambiental latinoamericano como propuesta filosófica que cimenta las meditaciones epistémicas, ónticas, estéticas y éticas de la investigación. Por último, se plantea la guerra contra la naturaleza para vislumbrar la necesidad de plantear una paz telúrica.
Ahora bien, es imprescindible iniciar por enmarcar la presente discusión en las tensiones de las Ciencias Ambientales, ya que la manera de comprender el ambiente es en sí mismo, como lo afirma Cubillos (2020) “un campo de lucha semántica” (p. 66). Existen expresiones-otras para nombrar lo ambiental, aunque en las instituciones predomine el concepto de ambiente como recurso y, por lo tanto, como un bien y un servicio, es imprescindible ir más allá y contraponer este reduccionismo a través de la consciencia histórica y los diferentes saberes territoriales y ancestrales, lo anterior permite un diálogo entre los agentes sociales que conforman cada territorio y, de igual manera, exalta el papel de lo cultural en las relaciones ambientales.
En adición, la Red Colombiana de Formación Ambiental ([RCFA], 2007) en el texto “Las ciencias ambientales como nueva área de conocimiento”, afirma que es fundamental en la consolidación de las reflexiones propias de la ciencia ambiental, en donde se manifiesta que la ciencia clásica no es pertinente para entender el ambiente, debido a que es un campo de interrelaciones y no un objeto empírico medible y acotable, por lo tanto exige una aproximación más allá de la ciencia clásica y del método científico para una comprensión de lo ambiental. En consonancia, Giraldo y Toro (2020) hacen una apertura afectiva en dicha comprensión. Su estudio expone que el problema epistémico de aquello que se denomina lo ambiental, reside en que no existe una separación, supuesto fundamental de la ciencia moderna, sino una preñez de proliferaciones, un enmarañamiento dinámico que contiene patrones estéticos, lo cual implica comprender, en el mismo tiempo, que entre los múltiples se es diferente.
Por lo tanto, se logra vislumbrar que las concepciones e indagaciones sobre lo ambiental que son diferentes al contexto cientificista e institucional de las ciencias ambientales implican una crítica radical y explicita a la ciencia clásica o ciencia moderna basada en las escisiones, –por ejemplo, la dicotomía sujeto/objeto que fundamenta la epistemología–. Según la misma Red Colombiana de Formación Ambiental (2007), para la gran mayoría de los autores que despliegan caminos críticos o alternativos de la ciencia moderna; los estudios que asume el pensamiento ambiental trascienden el conocimiento científico y superan sus limitaciones en la comprensión y abordaje de los graves problemas ambientales de las sociedades contemporáneas.
En el marco de estas reflexiones, la maestra Patricia Noguera, en el capítulo titulado “Emergencia de una episteme-ético-estética-política que constituye un nuevo concepto de ciencia desde el pensamiento ambiental complejo” (Noguera, 2007) entrelaza las ciencias ambientales y las teorías de la complejidad en una relación profunda. Ya que afirma cómo las teorías de la complejidad aportan la disolución del concepto de “objeto de investigación” propio de las investigaciones basadas en la ciencia moderna. En contraste, las ciencias ambientales se enuncian desde redes, nodos-problema, campos interactivos, pero no de “objetos”. En suma “la ciencia como institución y como práctica, deberá colaborar en la construcción de un pensar-pensamiento-repensar, que permita la disolución de las relaciones de poder, es decir, la disolución de todo tipo de sujeto y todo tipo de objeto” (Noguera, 2007a, p. 62) y se propone una ecología del pensar que brote de una filosofía ambiental en relación con la complejidad, son resonancias frente a los planteamientos de Spinoza y Heidegger, que contrarresta la ruptura entre naturaleza y cultura. Lo anterior envuelve la comprensión de cómo a partir de la naturaleza, como expansión permanente, emergen los seres humanos, las culturas, las ideas, la razón, el todo múltiple (multi-tudo) y que derivan en expresiones como la eco-inteligencia en el diseño de territorios de paz (Noguera y Ramírez, 2021) o economías-otras desde el pensamiento ambiental sur (Noguera y Ramírez, 2023).
En contraste, Escobar (2011) expresa que “el conocimiento de la naturaleza no es una simple cuestión de ciencia, observación empírica o incluso de interpretación cultural” (p. 50). Se propone que la cuestión de la naturaleza y su abordaje es un aspecto central en el cómo se plantea la crisis ambiental, y para ello es importante comprender las diversidades en las perspectivas sobre este asunto. Además, se ponen en tensión, más alla de lo epistemológico, cuestiones políticas y económicas e incluso, en última instancia se confrontan mitos fundacionales y suposiciones ontológicas del mundo. Por ejemplo, en lo que concierne a las categorías sujeto–objeto que se abordan como la división fundante de la epistemología y, por lo tanto, de la ciencia moderna que garantiza las condiciones para la guerra contra la naturaleza reducida a objeto y lo humano como sujeto debe aludir a que la relación sujeto-objeto no es un problema teórico o cognitivo solamente, sino un problema ético y político de fuertes implicaciones sociales e históricas en el presente (Bautista, 2014).
Sin embargo, para estas cuestiones es importante tener en cuenta lo que Sousa Santos (2010) llama el pensamiento abismal, este pensamiento opera por la definición unilateral de líneas radicales que dividen las experiencias, los actores y los saberes sociales entre los que son visibles, inteligibles o útiles (los que quedan de este lado de la línea) y los que son invisibles, ininteligibles, olvidados o peligrosos (los que quedan del otro lado de la línea); lo cual resalta la necesidad de coligar voces-otras en las discusiones académicas y la importancia del territorio como cuestión propia de las Ciencias Ambientales. Por ejemplo, la necesidad de la presencia de voces que vienen desde la literatura o desde comunidades originarias y sus aportes a las reflexiones académicas de conceptos como territorio, ambiente o saberes.
Además, este planteamiento exalta la urgencia del diálogo entre academia y territorio, ya que “la ceguera de la teoría acaba en la invisibilidad de la práctica y, por ello, en la subteorización, mientras que la ceguera de la práctica acaba en la irrelevancia de la teoría” (Sousa Santos, 2010, p. 18). Debido a lo anterior, en esta investigación, cobra relevancia el diálogo entre la academia expresada en el pensamiento ambiental latinoamericano desde la historia de vida de Patricia Noguera y la Juntanza Chinchiná Resiste como expresión territorial; lo anterior como potencia propia de la coligación academia-territorio en el trabajo de campo propio de las dinámicas en investigación.
En este sentido, la relacionalidad propuesta por Escobar (2018), resulta indispensable. Más allá de su implicación decolonial, esta perspectiva permite comprender cómo se despliegan las formas y relaciones de ser, conocer y hacer que se definen en las configuraciones socio-naturales que se dan desde el reconocimiento de la inter-dependencia radical de lo vivo. Asimismo, el maestro expresa que nada pre-existe a las relaciones que lo constituyen, este es el gran correlato de la autonomía y la comunalidad. Lo anterior, se despliega en la comprensión de lo común. Puede entreverse las diferentes cosmovisiones de los pueblos, como por ejemplo, “la filosofía africana del Muntu o concepciones de la Madre Tierra como la Pachamama, Ñuke mapu, o Uma Kiwe, entre muchas otras” (Escobar, 2018, p. 63). Del mismo modo, está implícito asumir que la crisis civilizatoria es causada por un modelo particular de mundo, como ontología enmarcada en la separación y desconexión propia de la civilización moderna que se refleja en separaciones donde humanos y no humanos, mente y cuerpo, individuo y comunidad, razón y emoción, entre otras, se ven como entidades separadas y auto constituidas.
En consecuencia, es posible vislumbrar cómo la guerra es un entramado presente en la relación cultura-ecosistema. Pero para abordar lo concerniente a la guerra, y como una expresión de un antecedente ante esta cuestión, es relevante traer a colación la pregunta ¿por qué la guerra? que intentan abordar Einstein y Freud en un momento crucial de la humanidad. Para Albert Einstein la pregunta “más importante de las que se plantean a la civilización” es “¿Hay una manera de liberar a los seres humanos de la fatalidad de la guerra?”, más allá de la cuestión antropocentrista que se entrelee en esta pregunta, es importante mencionar cómo la guerra es una cuestión fundamental que se debe abordar ya que, como lo plantea este científico, va al “corazón” del problema de nuestra cultura, no puede olvidarse o eludirse. Con la consciencia del momento histórico de estos dos autores, se observa cómo esta pregunta obliga a pensar en los caminos que “debemos abrir todos juntos para liberarnos de la esclavitud de la guerra; no de esta o de una guerra, sino de la guerra” (Einstein y Freud, 2001, p.23). En parte de la respuesta a Einstein escribe Freud
Quizá tenga usted la impresión de que nuestras teorías forman una suerte de mitología que, en ese caso, ni siquiera seria grata. Pero ¿Acaso no se orientan todas las ciencias de la naturaleza hacia una mitología parecida? ¿Acaso se encuentra usted en la física en distinta situación? (Einstein y Freud, 2001, p. 87)
Lo cual refleja un dialogo necesario en las ciencias para confrontar la guerra, incluso la guerra contra la naturaleza expresada en la cultura.
En lo que incumbe a la relación cultura-ecosistema, Ángel Maya (1996) propone desde la interpretación de lo ambiental, una relación algo similar a lo que los griegos llamaron Némesis. Es la venganza de la naturaleza contra culturas no adaptativas. Cuando una cultura ha traspasado los límites, los impactos ambientales empiezan a presionar el sistema cultural para que cambie o desaparezca. Cuando el sistema cultural no logra encontrar el camino para modificar sus conductas erráticas, la naturaleza lo sepulta en el cementerio de la historia (Ángel Maya, 1996, p. 119).
En esta guerra contra la naturaleza, Noguera (2007b) expresa que esta lucha se manifiesta con nuevos nombres y nuevas caras, pero perpetuando la idea de Francis Bacon de que a la naturaleza “hay que violentarla para sacarle, como a las mujeres, todos sus secretos” (Noguera, 2007b, p. 58). Por lo tanto, se comprende que la manera como la cultura organice sus relaciones sociales tendrá que ver con la manera como desarrolle su relación con la naturaleza. “La esclavitud del hombre significa el sometimiento de la naturaleza. El hombre solamente puede actuar en el interior de la cultura, y en una cultura construida para engendrar la guerra, la primera víctima es la naturaleza” (Ángel Maya, 1996, p. 66).
Dicha guerra ha tenido diferentes variaciones en el transcurso de los años, lo que conlleva a establecer preguntas urgentes para el contexto actual, por ejemplo ¿cómo puede ser posible una sostenibilidad y una sustentabilidad ambiental, dentro de la lógica del desarrollo, aun la del desarrollo que ha sido adjetivado con las palabras “sostenible” y “sustentable”? Johannesburgo ha mostrado que esto no es posible (Noguera, 2007b, p. 65).
Los esfuerzos de científicos y otras personas cuyo campo de enunciación proviene de la economía, tecnología, política, sociología, antropología, ecología e incluso filosofía, tienden a vincular dos discurso-practicas: la del desarrollo y la de la sostenibilidad o sustentabilidad, esto se manifiesta como un fracaso o, al menos, una insuficiencia frente a la dimensión simbólica que contiene la idea de desarrollo y progreso. Este imaginario ha sido tan poderoso, que ha permeado las diferentes dimensiones de lo humano y retirarlo del lenguaje de la ciencia, la técnica, la ciudad y, en general, del mundo de la vida cotidiana contemporánea no es fácil. “A muy pocos pensadores ambientales les cabe en la cabeza la sola idea de renunciar al desarrollo y embarcarse en procesos de construcción y reconstrucción de las tramas de la vida” (Noguera, 2007b, p.66). De este modo, es significativo tener en cuenta que la idea de desarrollo es la matriz de la modernidad y su guerra contra la naturaleza.
La principal justificación, que se aborda desde la importancia de la investigación es develar, quizá para luego coligar, esas líneas de pensamientos abismales que se configuran en las ciencias ambientales desde las concepciones en la relación teoría-práctica, las presencias de las comunidades en lo académico y la visión de lo académico respecto a las comunidades y su territorio, la construcción teórica y práctica de la paz telúrica, entre otras relaciones que, seguramente, emergen en el trasegar investigativo. Adicionalmente, es una propuesta que implica un cuestionamiento a las construcciones de pensamiento, la apertura a nuevas epistemes y unos métodos alternativos en la discusión científica.
Es novedoso resaltar que la indagación de estas tensiones se realizará a través de la historia de vida de Ana Patricia Noguera de Echeverri como expresión académica enmarcada en el pensamiento ambiental latinoamericano. El trasegar por la vida de Patricia Noguera permitirá reconstruir los esfuerzos académicos que se han presentado en la construcción de un pensamiento ambiental sur que emerge en y desde la Universidad Nacional de Colombia. En contraste, surge el abordaje a la Juntanza Chinchiná Resiste como expresión territorial que ayuda en la comprensión de la resistencia en y desde el territorio como lugar de enunciación-construcción, se abordará las diferentes expresiones de la Juntanza como, por ejemplo la huerta urbana ubicada en el barrio Buenavista del municipio de Chinchiná, como territorio especifico propio de la investigación. Cabe aclarar que estas distinciones no se presentan como una dicotomía rígida, pues la academia está presente en los diálogos de la Juntanza y las comunidades de base son parte de las reflexiones de Patricia Noguera.
La pertinencia de la propuesta se sustenta en aportes epistémicos, éticos, estéticos y metodológicos. Estos resultados se articulan desde una postura decolonizadora y desde una mirada situada en las luchas de lo femenino y el territorio. En este sentido, la investigación abre un campo de interés para los estudios en ciencias ambientales que, puede ser útil para la relación universidad–Estado–sociedad civil.
En este sentido, se formula el problema de investigación: ¿Cuáles son las construcciones de la paz telúrica desde las concepciones académicas y territoriales? A partir de esta pregunta, el objetivo general consiste en develar las construcciones de la paz telúrica desde las concepciones académicas y territoriales. Para ello, se plantean tres objetivos específicos: relatar la expresión académica de la paz telúrica desde la historia de vida de Patricia Noguera; exponer la expresión territorial de la paz telúrica desde la experiencia de la Juntanza Chinchiná Resiste; y, contrastar las concepciones de la paz telúrica desde la academia y el territorio.
Es importante recalcar lo expresado en la tesis de la Maestría Científica en Administración de la Universidad Nacional de Colombia Sede Manizales. En la que se enuncia que “la tesis es un esfuerzo por enunciar posturas diferentes en el pensamiento administrativo-organizacional, es una emergencia que surge desde la pretensión de poetizar el pensamiento, ya que el contexto actual exige encontrar entramados de paz, no solamente en lo cultural sino con la Naturaleza” (Ramírez Martínez, 2017, párr. 1).
Materiales y métodos
El presente estudio se configura en su vocación de avanzar en la teoría desde lo cualitativo (Ragin, 2007) y en un arraigado interés emancipatorio (Habermas, 1982).
Según una breve reseña de posturas que propone Mardones (1991), se presenta desde la postura fenomenológica, hermenéutica y lingüística, la cual afirma que el conocimiento está enmarcado en la trama de la vida, en lo cotidiano, en la interacción comunicativa y el lenguaje común. El mundo es significativo e intencional dada la vinculación del investigador con su realidad, y, en consecuencia, la ciencia es un producto histórico del ser humano. El método es la comprensión y está configurado por un proceso consensuado (Calderón, 2010).
Asimismo, se debe acertar la investigación como práctica social y, por lo tanto, está condicionada por el momento histórico en el que se desarrolla, por las ideas dominantes en ese momento histórico, así como por la posición ideológica del investigador. Sumado a esto, las instituciones donde se desarrolle la investigación (ámbito académico, gubernamental o privado) también dejaran sentir su influencia (Fassio et al., 2004), lo cual evidencia la necesidad de una posición crítica ante la realidad social, la investigación debe ayudar a cuestionar lo aceptado y no a seguir en su reproducción.
Los caminos que implican la palabra método están dados por una respuesta que emerge desde la postura óntico-epistémica. La complejidad nos permite una comprensión de la necesaria disolución objeto-sujeto para construir desde el cuerpo. Además, involucra la necesidad de transicionar de los paradigmas a los enigmas de la vida. Lo anterior conlleva el abandono de la eficacia del conocimiento y permitir la emergencia de la alegría del conocer, como trayecto por caminos que se hacen en las andaduras de quienes interrogan, exige una ruptura epistémica-ética-estética-política con el aparato disciplinar, instrumental y teleologicista de la escuela moderna (Noguera, 2007b) En contraste, desde la métodoestesis (Noguera et al., 2020). se asume que la complejidad se agotaría en ser una racionalidad más si no somos conscientes que los caminos de la investigación están atravesados por una postura desde la estética expandida que brota como una métodoestesis.
En este contexto, no se pueden establecer criterios objetivos para seleccionar la historia de vida de Patricia Noguera y la experiencia territorial de la Juntanza Chinchiná Resiste, son decisiones que se toman mediadas por el sentipensar de los caminos vitales que se entre-tejen y que quedarán plasmados en la tesis final.
En contraste, a manera de respuesta formal del componente metodológico, se puede argumentar que según Arias (2012), la propuesta de investigación se configura de tipo pura o básica porque pretende la producción de un nuevo conocimiento que está dirigido a enriquecer los postulados teóricos de una determinada ciencia, en este caso la Ciencia Ambiental. El nivel de la investigación es descriptivo porque consiste en la caracterización la historia de vida y la observación participante que se transforman en la población de la investigación y, por último, la técnica de recolección de información será la entrevista a profundidad y entrevista semiestructurada.
Para la construcción del estado del arte de este estudio se realizaron búsquedas en las diferentes bases de datos; se acudió, en un primer momento, a la base de datos Scopus con unas ecuaciones de búsqueda que generaron los siguientes procesos: la ecuación ALL (peace AND "Environmental crisis") con 1881 resultados permite vislumbrar una relación entre la Paz y la Crisis Ambiental; luego ALL (peace AND telluric OR tek) con 592 resultados permite explorar la relación Paz y lo telúrico o los TEK (es una expresión del inglés que traduce “Conocimiento Ecológico Tradicional”). De allí se tomó la relación ALL (telluric AND peace) lo cual arrojó 66 resultados y, además, la ecuación ALL (peace AND (“Environmental crisis" OR "environmental conflicts”) AND (telluric OR tek)), se reunieron 22 resultados que fueron depurados a partir de la ecuación. Finalmente, se identificó el Antropoceno como una categoría cercana a la crisis ambiental–civilizatoria que expresa la guerra contra la naturaleza. Por lo tanto, la ecuación final de búsqueda quedó de la siguiente manera: ALL (telluric AND peace AND (anthropocentrism OR anthropogeny OR anthropocene)) evidenciando siete documentos que dan cuenta del estado del arte y que están distribuidos en cuatro capítulos de libro, dos artículos y una revisión. A continuación, se expresan los principales aportes de estas búsquedas.
En el artículo titulado “El asalto final a la naturaleza: cómo la crisis ambiental refuerza la crisis civilizatoria en Colombia” (Steinhorst y Ossewaarde, 2023) se evidencia cómo de acuerdo con el trabajo de campo que se realizó, se investiga la interacción entre la crisis ambiental y civilizatoria en los preludios del Antropoceno. Luego, el artículo titulado “Ecologías de conflicto: conectando la ecología política y la paz y estudios de conflictos” (Le-Billon y Duffy, 2018) enuncia que el conflicto es el núcleo de muchos estudios de ecología política. Sin embargo, ha habido un compromiso limitado entre la ecología política, el campo de la paz y los estudios de conflictos.
En contraste, el articulo “¿Hacia futuros distópicos? Historia del derecho, poscolonialidad y crítica en los albores del Antropoceno” (Da-Cunha y Afonso, 2017) explora ciertas controversias que atañen al cambio climático en un marco de crítica influenciado por debates metodológicos recientes sobre la historia del Derecho Internacional. Lo cual refleja un contraste de perspectivas respecto al abordaje de este asunto.
Adicionalmente, el capítulo de libro “The Ashgate Research Companion to Critical Geopolitics” (Le-Billon, 2016) evidencia que desde el mito de “El Dorado” que promete saciar el hambre de riqueza que proviene de lo que denominan “el Nuevo Mundo” hasta la devastación del militarismo que es impulsado por el petróleo en el Golfo Pérsico, los recursos –nombre que designa una objetivación de la naturaleza–, constituyen una dimensión importante de las representaciones y la praxis geopolíticas. Además, el capítulo de libro “Everyday political geographies” (Fregonese, 2015) dice que hay, al menos dos cuestiones poco exploradas para un mayor compromiso subdisciplinario con lo cotidiano: lo más que humano y lo más que Estado, lo anterior a pesar del creciente interés de los geógrafos políticos por las expresiones y experiencias cotidianas del poder estatal y la geopolítica.
Es pertinente aclarar que lo anterior se contrastó con otras bases de datos, pero no hubo resultados significativos para la construcción del estado del arte. Conjuntamente, en un segundo momento, se realizó una búsqueda amplia a través de internet con el fin de explorar contenidos sobre la paz telúrica. De este proceso surgen las siguientes expresiones:
Pérez (2018) con el propósito de buscar la “raíz indígena” que tienen los pueblos americanos, propone una recuperación y consolidación de los fundamentos del saber ancestral como posibilidad de vida; en esta tesis se resalta lo Telúrico como lo correspondiente a la Tierra, pero no se realiza una conceptualización. Asimismo, se encontraron dos publicaciones de Hernando Llano Ángel en el sitio web “Viva la Ciudadanía” que hace referencia a lo telúrico. La primera es “Por una democracia ciudadana, social y telúrica” (Llano, 2022) en la cual menciona que es imperioso reinventar la democracia en clave ciudadana, social y telúrica, pues los políticos profesionales la tienen moribunda y amenazan con destruir el planeta al entregarlo a la depredación de las empresas dedicadas a las energías fósiles, el fracking y la extracción de minerales raros y valiosos. La segunda se titula “La minga: un desafío telúrico y democrático” (Llano, 2020) y con el subtítulo “Lo telúrico es político y de todos” expresa cómo la mercadocracia solo ve en la tierra un depósito inagotable de ganancias, en lugar de ese majestuoso entramado telúrico de biodiversidad, la Pachamama.
En este contexto, aparece la publicación “Si todos fuéramos Toribío” (Consejo Regional Indígena del Cauca, 2012) en la que se menciona, que con sus palabras y acciones, los indígenas organizados en el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) y en la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN) si los dejan pueden sembrar la paz telúrica en su territorio y cosecharla en su vida comunitaria. Aquella paz que solo germina a partir de acuerdos que honran la palabra y de la Minga que dignifica la vida de todos, protegida por el poder civil de su invencible Guardia Indígena. El último hallazgo en internet corresponde a un artículo titulado “Traducir lo telúrico: La casa que me habita de Wilfredo Carrizales” (Wendorff, 2016) que manifiesta cómo, durante el proceso de traducción de La casa que me habita de Wilfredo Carrizales, el traductor tiene que lidiar con cuestiones que van mucho más allá de lo lingüístico en sí mismo.
Es pertinente aclarar que de los documentos anteriores, ninguno otorga una definición conceptual ni abordaje teórico de la paz telúrica, lo cual indica un vacío científico que se pretende suplir con la investigación doctoral.
Discusión
Crisis Ambiental (Guerra contra
la Naturaleza)
“Todo lo que libera nuestro espíritu, sin darnos dominio de nosotros mismos, es destructivo” (Goethe, 2000, p. 44)
Una de las preguntas fundamentales que emergen en este estudio es: si se propone la paz telúrica ¿contra qué o contra quiénes se dirige la guerra? Por ende, cobran relevancia las expresiones civilizatorias leídas desde la relación cultura-ecosistema. En este sentido, como lo afirma Noguera (2004), mientras los discursos del desarrollo sigan imperando y las perspectivas frente a las relaciones culturales y a los ecosistemas esté marcada por una dominación, “seguiremos siendo una especie ingrata, y morando la tierra como si fuera una bodega llena de recursos disponibles y para siempre” (Noguera, 2004, p.64). Asimismo, Serres (1991) invita a un cambio en la dirección de esta cultura, ya que la guerra se realiza en y contra el mundo.
Para develar la guerra contra la naturaleza se hace imperante comprender las expresiones de las relaciones entre los modos o maneras de habitar el territorio y sus ecosistemas, con base en lo que expresa Ángel Maya (2015), especialmente en su texto “La fragilidad ambiental de la cultura”, con el que se comprende, por ejemplo, cómo el impacto sobre la cultura es, quizás el primer efecto ambiental en la concepción del desarrollo moderno. Esto conlleva la dificultad indicada en ser un efecto difícil de precisar, pero el de más hondas consecuencias. Esto simboliza una pérdida progresiva de la diversidad cultural debido al sometimiento de las cultural al propósito único de acumulación.
Sentipensar ambiental, lo
telúrico en despliegue
Luego de plantear la guerra contra la naturaleza, surge la propuesta esencial para la tesis: “Sentipensar lo ambiental”. Para ello, emerge la complejidad como oposición a la racionalidad moderna y permite una alternativa epistemológica. Empero, como no es suficiente la sustitución de una racionalidad por otra, aún en el marco de las ciencias ambientales, se tejen otros discursos desde la estética, la ontología desde el cuerpo-tierra, el sentipensar como expresión que coliga estas propuestas y la imprescindible reconciliación cultura-ecosistema. Lo anterior, cimenta la construcción de la paz telúrica.
En el marco de las ciencias ambientales, es necesaria la consciencia de que la ontología configura las maneras de construir las reflexiones científicas derivadas en propuestas epistémicas y metódicas. La investigación que enmarca este artículo funda su ontología a partir del cuerpo-tierra (Noguera y Pineda, 2014) y las ontologías relacionales. Estas propuestas se entretejen desde las posturas del pensamiento ambiental latinoamericano, que logra resistir a la escisión moderna entre sujeto y objeto, ya que “no puede haber pensamiento ambiental cimentado en la dicotomía sujeto-objeto, sujeto dominante, explotador, ambicioso y objeto dominado, explotado, reducido a capital” (Noguera, 2004, p. 89). Adicionalmente, como lo plantean Maturana y Varela (2003), Amor y conocimiento no son alternativas ya que el conocimiento es un instrumento y el amor es un fundamento.
En este sentido, se trae a colación las palabras de Grosso (2004) que permiten comprender las nociones de lo telúrico en cuanto a la reflexión por el territorio y lo interterritorial.
En el modelo civilizatorio occidental dominante, “desarrollo”, “lenguaje” y ”pensamiento crítico” constituyen la trama de sentido común de un metabolismo energético lineal, vertiginoso, de un extractivismo creciente y acumulativo, antrópico, que opera bajo una lógica absoluta y autoperformativa, en el régimen biopolítico de una crisis agónicamente infinita. Frente a ello, Carlos Walter Porto- Gonçalves, partiendo de la Geografía y de la mano de las luchas sociales y comunitarias, se ha desplazado a los otros territorios habitados en la convivencia humana-no-humana. En la fuerza de ese impulso, deslizo el sentipensar de lo territorial a lo inter-territorial. (Grosso, 2024, p. 1)
Tal vez, la fuente más importante de inspiración para aprender sobre posibles formas no dualistas de vivir, son las cosmovisiones de los pueblos originarios de muchas partes del mundo (aborígenes australianos, indígenas de las Américas, la cosmología africana del Muntu, las cosmologías animistas, y las tradiciones chamánicas, entre muchas otras) (Escobar, 2018). Además, Escobar (2014) precisa las ontologías relacionales como “aquellas que evitan la división entre naturaleza y cultura, entre individuo y comunidad, y entre nosotros y ellos que son fundamentales para la ontología moderna” (Escobar, 2014, p. 35).
Para una reconciliación cultura-ecosistema es imprescindible escuchar las palabras de Hölderlin “… A ser uno con todo lo viviente, volver en un feliz olvido de sí mismo, al todo de la naturaleza” (Hölderlin, 2007, p.7). Olvidar el yo-sujeto-razón. Disolvernos en el todo de la naturaleza. Renunciar al poder instaurado en el sujeto en tanto yo-pienso, en tanto yo-razón, sobre la naturaleza-objeto, para aceptar, entender y comprender, que somos naturaleza, cuerpo-tierra, y que esto transforma radicalmente nuestras maneras de habitar la tierra. Pero, en compañía Ángel Maya (2002), es imperante decir que no basta con comprender el mundo, hay que sentirlo, “un capítulo fundamental en cualquier filosofía debe ser la estética. Hegel comprendió acertadamente que una de las trampas de la cultura es la castración del “goce”. No será posible rescatar la naturaleza mientras no aprendamos a vibrar con ella” (Ángel Maya, 2002, p.69).
En concordancia, los planteamientos de Capra (1996) nutren la presente reflexión al exponer cómo la naturaleza se asemeja mucho más a la condición humana que a la de una máquina, él aborda la naturaleza como impredecible, sensible al mundo exterior, influenciable por pequeñas fluctuaciones. Consecuentemente, el modo apropiado de acercarse a la naturaleza para aprender de su complejidad y belleza es a través de la cooperación, el diálogo y el respeto y no mediante la dominación y el control.
Construcción de paz
Luego de plantear la guerra contra la naturaleza y cimentar las posturas epistémicas, ónticas y estéticas en y desde el sentipensar ambiental, se constituye la construcción de paz. Para iniciar, prevalece la consciencia de comprender la violencia de una apropiación ciega, la economía violenta, forzosamente contra lo ecuménico, como lo plantea Han (2022): “El yo que frente a la cosa y la naturaleza se comporta como un apropiador no podrá tornarse amoroso de buenas a primeras” (p. 213). Asimismo, filósofos como Friedrich Nietzsche mencionan la paz al escribir:
Al parecer, no han llegado aún los tiempos en que todos los hombres podrán tener la suerte de esos pastores que vieron el cielo iluminarse por encima de ellos y oyeron estas palabras: “Paz en la tierra, buena voluntad para con los hombres” pues el tiempo pertenece aún a los individuos. (Nietzsche , 1972, p. 148).
Además, la paz también se puede comprender desde los planteamientos de un anhelo fáustico, ya que “todo el que en la paz echa de menos la guerra renuncia a la esperanza” (Goethe, 2004, p. 153).
Adicionalmente, desde Freud (1999) en su libro El malestar de la cultura, se argumenta que el ciudadano individual comprueba con espanto en esta guerra algo que ya vislumbró en la paz; comprueba que el Estado ha prohibido al individuo la injusticia no porque quiera abolirla, sino porque pretendía monopolizarla. Además, Freire (2005) enuncia que “la paz no se compra, la paz se vive en el acto solidario y amoroso, que no puede ser asumido, ni puede encarnarse en la opresión” (p. 190).
La palabra paz solo tiene sentido concreto – a mi juicio – para los que saben lo que es la guerra, pues si algo puedo agradecerle a la guerra es, precisamente, el haberme enseñado la significación de la palabra “paz” (Arango, 2019, p. 178). En resonancia, Gonzalo Arango escribe en una carta dirigida a su amigo Alberto Aguirre
La paz es un producto de la justicia, y la justicia es un postulado del amor al hombre, y este amor sólo es posible por el derecho que se le reconozca al hombre para poseer lo que merece para su vida: trabajo, pan y techo, libertad del espíritu, igualdad de oportunidades para realizarse. Si se le niegan al hombre colombiano estos derechos, ¿qué paz y qué justicia y qué amor podemos esperar de él? Sólo la violencia, el odio y la muerte. (Arango, 2016, p. 206).
Los territorios son el producto de desterritorializaciones y reterritorializaciones; siempre son abandono y conquista. En los territorios está el signo de la violencia, la paradoja de la identidad y de la diferencia; la lucha permanente por la apropiación cultural. Por ello, la vida urbana es una plétora de contradicciones que expresan los espacios de la indiferencia: calles, plazas y espacios públicos en general, son lugares o territorios de la diferencia, donde diversas comunidades luchan por construir sus identidades a partir de procesos diferenciadores en los cuales el territorio es el hilo estructurante y estructural que teje dichos procesos, siempre conflictivos y en muchos casos violentos. Es la lucha por diferentes estratos territoriales, desde los biofísicos hasta los intangibles, donde cada comunidad quiere colocar su marca. La dificultad en construir la paz radica en que los procesos de paz no se han ambientalizado. Se piensa en negociaciones de paz, donde los territorios ecosistémicos y culturales no son tomados en cuenta como actores, como alteridades pletóricas de complejidad. (Noguera, 2004, p. 137)
Para la construcción de la paz telúrica se acuden a las construcciones de Escobar (2018) y de estas provocaciones surge un corolario ineludible:
No podemos construir el posconflicto con las categorías que crearon el conflicto, tales como ‘progreso’, ‘desarrollo’, ‘competitividad’, ‘eficiencia’, megaproyectos, globalización de mercados, etcétera. Abrir espacio para lo colectivo y lo comunal, por ejemplo, es un comienzo para elaborar un léxico para el posacuerdo que no dependa de las categorías del pasado. Quizá la necesidad más grande en este sentido es una discusión profunda del modelo de desarrollo, partiendo de la hipótesis de que ‘el desarrollo’, al menos como lo conocemos, no traerá la paz sino que perpetuará las condiciones sociales, económicas y culturales responsables del conflicto. (Escobar, 2018, p.69)
Para consolidar la visión territorial de la paz, emergen expresiones como las del Pueblo Nasa, quienes se identifican al expresar que “Somos la buena junta, la vida que está abajo, que siempre florece entre tierra y sonrisas del pueblo, entre las manos que en minga construimos libertad” “es desde esa escuela que se dice autoridad y que se dice religión y que se siente opresión en donde dejamos de sentir el corazón de la tierra”.
Conclusiones
La presente investigación permite relatar la expresión académica de la paz telúrica desde la historia de vida de Patricia Noguera, lo cual aporta en la conceptualización de la paz desde los esfuerzos de la academia. Asimismo, expone la expresión territorial de la paz telúrica desde la experiencia de la Juntanza Chinchiná Resiste, contribuye en las expresiones en y desde el territorio como campo de reflexión para las ciencias ambientales. Y, por último, contrasta las concepciones de la paz telúrica desde la academia y el territorio para coligar el pensamiento abismal y conseguir el objetivo general que es develar las construcciones de la paz telúrica desde las concepciones académicas y territoriales. Lo que permite una comprensión de las significaciones de la guerra contra la naturaleza expresada desde la modernidad para la construcción de una paz telúrica que logre la reconciliación cultura-ecosistema. Además, la investigación tendrá otros resultados en el orden académico, como artículos científicos, ponencias, participación en eventos y otras expresiones de la Apropiación Social del Conocimiento.
Potencial conflicto de intereses
El autor declara no tener conflicto de intereses.
Fuentes de financiación
El proceso doctoral del autor se encuentra financiado por la beca en el marco de la Convocatoria No. 22 Convocatoria de la asignación para la CTeI del SGR para la conformación de un listado de propuestas de proyecto elegibles para la formación doctoral en las regiones con Modificación No. 2 del 16 de febrero de 2022 y expresado en la Resolución N.º 1029 de la Rectoría de la Universidad de Caldas.
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1 Estudiante del Doctorado en Ciencias Ambientales, Magíster en Administración, Administrador de Empresas. Poeta. Docente en la Fundación Universitaria Comfamiliar Risaralda. Pereira, Risaralda, Colombia. Correo electrónico: leonardo.ramirez1@utp.edu.co – ORCID: https://orcid.org/0000-0001-8964-1872 – Google Scholar: https://scholar.google.com/citations?user=VQpBB7UAAAAJ&hl=es
Para citar este artículo: Ramírez Martínez, L. (2026). La paz telúrica: Expresión de investigación-otra en Ciencias Ambientales desde el abrazo de lo territorial y lo académico. Revista Luna Azul, (62), 114-129. DOI: https://doi.org/10.17151/luaz.2026.62.7
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